La noche del viernes 24 de octubre en el Cartuja Center CITE (Sevilla) fue una de esas donde el rap y la escenografía bajan a la calle.
Fui con entrada de pista: sudor, coros, y un escenario que parecía la plaza del barrio.
Delaossa no solo repasó bangers, también abrió una rendija al proceso que lo ha traído hasta aquí: del Palo a Sevilla, de las primeras maquetas al presente donde su nombre pesa.
Vino con la gira de La Madrugá, pero lo que se vivió fue más que un show, una clase de historia íntima sobre cómo un chaval de El Palo termina llenando pabellones y aun así te canta como si siguiera en la esquina.

Del Palo a la Madrugá
Para comprender la potencia de la noche hay que mirar atrás.
Delaossa nació en Málaga en el 93, y antes de ser Delaossa fue “Soup”. Según escuché en una entrevista hace tiempo, el mote del “sopa” le viene del nombre de su madre y su hermana, ambas llamadas Estrella. Es como una sopa de estrellas, rodeado de éstas.
Para ser exactos, viene de un barrio marinero de Málaga, el cual lleva por bandera allá donde va, El Palo.
Empieza a rimar de chaval y, antes de firmar su nombre propio, ya había dejado huellas con proyectos como Skill Leaders, grupo fundado por él (“Soup” en aquella época), Easy y Laps.
En 2015 impulsa el colectivo Space Hammu, junto a Raggio principalmente, colectivo que cambió la escena malagueña para siempre.
“Space Hammu no son solo Delaossa y Raggio, Space Hammu somos todos los niños del barrio”.
En 2019 se consagra con Un Perro Andaluz y desde ahí encadena etapas hasta Playa Virginia en 2022.
El presente tiene otra capa: una etapa de exposición y cambio personal que el propio artista ha contado sin esconderse: adicciones, recuperación y de cómo eso le redibujó prioridades y la música.
El lugar también pintó: Cartuja Center CITE, el gigante de la Isla de la Cartuja, un espacio modular con aforo que llega a eventos de más de 3.500 personas y una acústica cuidada.
El concierto de Delaossa
La puesta en escena tuvo truco de memoria. Sobre el escenario, una mesa de hombres jugando al dominó, su padre pintando un cuadro, una moto de agua aparcada como si fuera la orilla del Palo, y un coche antiguo vigilando desde una esquina de luz.
Todo eso eran recortes de barrio, un álbum familiar colocado a la vista. El concierto se movió entre esos objetos, como si las letras se sentaran un momento a mirar fotos viejas.
Las pantallas y los juegos de luces también ayudaron a que la experiencia del público fuese la mejor.

No estuvo solo

Los primeros en aparecer en el escenario para acompañar a Delaossa fueron Pepe y Vizio, que entraron para romper con “Si tú supieras”. Al final del concierto, cuando parecía que no iban a aparecer más, volvieron a salir a cantar “El Patio”. ¿Cómo se iban a ir sin cantarla?
Recycled J no subió, pero su cara salió en los visuales y la gente estalló igual, preguntándose todo el mundo si estaba en el escenario o no. Cantaron “Demonios de blanco” y, ya que estábamos podrían haber cantado “Raíces” también, pero eso ya es pedir mucho jajaja. Habrá que esperar al concierto de Delaossa en Madrid para verlos juntos en el escenario.


Y, sin duda, lo mejor, Space Hammu entró en bloque al completo y el pulso cambió. No es lo mismo ver a Delaossa solo que en manada: hay frases que encuentran eco distinto cuando los suyos están a medio metro.
Yo lo viví con sonrisa tonta porque uno de mis conciertos favoritos fue Space Hammurabi en el Madrid Salvaje de 2023, y esta aparición me tocó la tecla de “vuelvo a casa”.
Aquella noche estaban en el cartel y firmaron un show de grupo que todavía comentamos. De hecho, se lo dije a un grupo de chavales que teníamos al lado y lo confirmaron. Dijeron que ellos también estuvieron allí y que fue una auténtica locura.

Además de los mencionados, también apareció Bigla para hacerle los coros en algunos temas.
Nostalgia bien tirada
Si algo define a Delaossa es que la nostalgia no es postureo: es materia prima. Volvieron temas antiguos y yo sentí el tirón en el pecho: “Rounders” (mi favorita), “Nightmares” o “Turín 97” hicieron que el pabellón se cayera abajo.
Esas canciones no son solo “clásicos” del repertorio; son viajes hacia otras etapas, cuando Space Hammu estaba encendiendo motores a ritmo de cyphers y beats de J.Moods y Kas Rules en pisos con eco.
“Rounders” sigue cortando como la primera vez; “Nightmares” se siente subterránea, como un cuarto pequeño con la ventana abierta de madrugada; y “Turín 97” transmite unión y poder del colectivo.
Volver a esas piezas en 2025, con el Cartuja lleno, es notar el salto de formato sin perder el aliento del inicio.
Hoy Delaossa pisa recintos grandes, lanza colabos de alto voltaje y pone a El Palo en el mapa del rap nacional… pero la esencia sigue: el chaval que escribía barras pensando en cambiar radicalmente su vida.
Ahorrar pa’ jugármela todo a una como en «Rounders»
Yo iba con un objetivo claro: escuchar “Rounders”.
Cuando Delaossa la introduce, hay un microsegundo de silencio y entra el beat como una puerta que se descuelga. Yo tengo debilidad por esa canción: no sé si por la forma en que pisa el compás o por cómo retrata la supervivencia de andar por casa y por el barrio. La coreé con la garganta rota.
Ese momento fue magia pura, todo el público entregado, Delaossa sintiéndolo a fondo, y en el escenario una de las escenas más características de la canción: “la moto de agua aparcá’ en el barrio».

De la custom al Cartuja Center CITE
En febrero de 2022 tuve el placer de estar en el tour de “Lo hice por nosotros” en la Sala Custom. Recuerdo que hizo tres fechas y las entradas volaron.
La Custom es una caja negra de barrio industrial con un aforo de sala media (entre 700 y “casi mil”), perfecta para notar cada bajo en el esternón.
Allí Delaossa jugaba en corto, con poca distancia con el público y Kiddo de DJ.
Tres años después, el 24 de octubre de 2025, lo vi llenando el Cartuja Center CITE: otro planeta. El auditorio pasa de ser club a coloso: alrededor de 1.000 butacas y pista que empujan el aforo general hasta 3.500.
El sonido, quirúrgico; las visuales, de gira grande. Pero lo interesante no es el número, es cómo Delaossa lleva al Palo a un auditorio sin perder el olor a calle: todos los elementos que había en el escenario eran anclas de memoria para que el show no se despegara del suelo.
Ese salto encaja con su propio relato de etapa: vuelve a la carretera con la gira grande de La Madrugá, su tour más ambicioso desde aquellas fechas de 2022. Pasar de la Custom al Cartuja Center no es solo vender más entradas; es aprender otro lenguaje de escenario: jugar con cámaras, ritmos de pantalla, silencios calculados, sin abandonar los códigos que lo trajeron hasta aquí.
Si en 2022 nos mirábamos a los ojos a dos metros, en 2025 nos guiña desde una escenografía de película… y aún así te llega como si siguiera rapeando a la salida del bar.
“La Madrugá por fin es una realidad”
Cerramos el post con una frase de la canción con la que Delaossa cierra el disco en “Otro Amamecer” junto a Andrés Calamaro. Y es que por fin pudimos disfrutar en directo del disco que tanto tiempo llevamos esperando.
¿Estuviste ese 24 de octubre en el Cartuja Center? ¿Con qué tema/s te quedaste? ¿Tienes pensado ir a alguna otra fecha de la gira? ¡Déjalo en comentarios!
Y si te va este rollo de crónicas y posts, pásate por nuestras otras piezas como el concierto de Natos y Waor en el Metropolitano o el de Al Safir en el Madrid Salvaje 2023.

